Con casi 800 años de antigüedad y a la espera de una declaración por parte de la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, el belén, el portal de belén, el nacimiento, pesebre u otras denominaciones se ha adaptado muy bien a los tiempos y, cada Navidad, se cuentan por cientos y miles las personas que visitan a diario los belenes de sus ciudades, destacando Madrid como esa zona belenista por excelencia. El belén del Príncipe, el de Salzillo, el de los condes de Cardona o tantos otros son los referentes de un arte, un estilo, unas técnicas de trabajo y casi una forma de vida entre los belenistas que ya reclaman su lugar preeminente en los anales de la historia.

Miguel mira con curiosidad y en silencio el montaje, también con respeto, no perdiendo ni un detalle para poder ayudar en futuros años venideros. La asociación de belenistas lo recibe con los brazos abiertos y le da las gracias por su decisión de formar parte de esta gran familia apasionada desde niños por el belén y todo lo que significa, gracias al legado de sus padres y abuelos. Los días están contados para la apertura al público e inauguración del belén monumental de la ciudad, mientras las horas de trabajo se intensifican…

Han pasado 794 años desde que San Francisco de Asís, el fundador de las órdenes Franciscana y Clarisas, trajera de Belén en 1223 una emotiva celebración de la Natividad en el interior de la gruta donde nació Jesús, pero la fe y la admiración de la comunidad cristiana por esta escenificación plástica de la Natividad se mantiene intacta casi ocho siglos después, además de su probado valor antropológico, artístico, cultural e histórico.

En esa Nochebuena en plena Edad Media, donde el fervor religioso de la cristiandad era considerable y también la ignorancia de las clases más humildes, el por entonces San Francisco de Asís, que había viajado a Tierra Santa, quiso reproducir de la manera más fiel posible el humilde escenario en el que había nacido Jesús de Nazaret durante la misa de Navidad. Como las representaciones no estaban permitidas entonces, instaló en la ermita-cueva de Greccio (Italia) un pesebre con un buey y una mula reales, según la tradición cristiana, sin figuras en miniatura como las de hoy día. En la liturgia, los lugareños acudieron con una vela y antorchas encendidas adorando al Niño nacido en un austero pesebre, reproduciendo la pobreza y humildad en que Cristo vino al mundo. Cuenta la leyenda que en el transcurso de la liturgia se oyeron unos llantos del niño de madera, lo que suscitó la sorpresa y aumentó la devoción de los allí presentes, extendiéndose y popularizándose esta representación cada Nochebuena por las iglesias de los pueblos de la zona. Otras historias cuentan que en el pesebre, vacío, apareció un niño que fue abrazado por San Francisco de Asís.

La iniciativa del fundador de la orden franciscana adquiere tal relevancia y acogida en el objetivo de evangelizar al pueblo que muchas iglesias italianas hacen su representación del belén, con figuras de piedra o madera todavía muy rústicas.

La llegada del belén a España se realiza a través de las órdenes franciscanas y clarisas, principalmente a sus conventos y monasterios de Castilla y Navarra durante los siglos XIV, XV y XVI.
Con el paso del tiempo se mejora la técnica y el arte imprimido a los nacimientos, creándose talleres e industrias en torno a esta tradición, siendo algunas zonas como Nápoles auténticas cunas del belenismo, elaborando verdaderas obras de arte en miniatura y escenografías subrayadas en la historia del belenismo. De ahí surgen los grandes belenes barrocos y los ‘presepes napolitanos’ pudiendo haber sido sus montajes de los más espectaculares que se hayan articulado nunca, como relata Francisco Manuel Valiñas López en su libro ‘El belén ante la historia del arte. Apuntes para el contenido de sus elementos contenidos escenográficos’. Añade el autor: “El belén napolitano del siglo XVIII es el fruto maduro y consciente de una larga tradición espiritual y de oficio… La especial coyuntura social, económica y artística del Nápoles del setecientos propicia una revolución tan sustancial en la manera de concebir el belén. La práctica es adoptada por adinerados civiles que pronto la rescatan de los templos para convertirla en un acto social, de base religiosa pero, cada vez más, al margen del culto oficial… El montaje se tecnifica y pasa a ser campo de acción de expertos profesionales. Los mejores arquitectos, pintores y escenógrafos se afanan en explotar las posibilidades del belén, respondiendo a un público ávido de novedades. Ya en 1707 el primer virrey austriaco se complace en visitar el nacimiento del arquitecto Juan Bautista Nauclerio, en el que estudiados efectos de luz simulaban el transcurso de las horas del día. Y más célebre aún, el del príncipe de Ischietella, extendido a lo largo de varias estancias del piso superior de su palacio…”.

Algunos belenes históricos de referencia
El hecho definitivo de que el belén llegara a España sería con Carlos III a mediados del XVIII (‘el mejor alcalde de Madrid’), años antes proclamado Carlos VII de Nápoles y Sicilia. Admirado por la belleza de los belenes napolitanos adquiere en 1760 uno para su hijo Carlos IV. Un auténtico tesoro cuajado de bordados, sedas, hilos de oro e infinitos detalles con 8.000 figuras, desaparecidas muchas de ellas, y que hoy día puede disfrutarse durante el mes de diciembre en el Palacio Real de Madrid, en la sala anexa a la sala de columnas.

La aristocracia sigue los pasos de la Corte y las familias adineradas compran belenes también para sus casas, se instala como una moda. Son belenes de estilo barroco con esculturas de gran calidad artística y una escenografía rica en detalles. Uno de esos belenes llegado a nuestros días es el belén napolitano de los duques de Cardona de Córdoba. Esta obra de arte viajó en 2014 a Madrid (no salía de palacio desde mediados del siglo XX) para ser expuesto en el Palacio de Cibeles como belén municipal de Madrid y que fue montado por José Luis Mayo Lebrija, el escultor por excelencia de los mejores belenes en la actualidad. Según nos cuenta un belenista, las medidas de seguridad en el traslado fueron muy importantes ya que la pérdida de cualquier elemento o pieza es casi una tragedia. Según contaba entonces la comisaria de la exposición al diario El País, se trata de un belén con figuras talladas en madera que recrea escenas del Nápoles del siglo XVIII, mucho más laico que los españoles, acotando la religiosidad al nacimiento y la adoración de los reyes magos.

Otro referente en la historia del belenismo español es el belén de Salzillo realizado por este escultor murciano entre 1776 y 1783 para el noble Jesualdo Riquelme y Fontes. A diferencia de los pesebres napolitanos, el de Salzillo es un belén inspirado en el campesinado español, se caracteriza por su profundo sentido religioso y la rica policromía de sus tallas. Dicho belén, de 500 piezas, se conserva hoy en el Museo Salzillo de Murcia.

Esa costumbre navideña de las clases aristocráticas la populariza la burguesía con escenas y figuras de barro muy humildes, sencillas y con poca calidad escultórica durante los siglos XIX y XX, extendiéndose por iglesias, conventos y los hogares españoles.

En torno a esa tradición ya instalada en España, amén de otras necesidades de imaginería para parroquias y cofradías de Semana Santa, surge en la primera mitad del siglo XX en Olot (Gerona) una importante industria que en sus buenos años registró hasta 80 fábricas. Realizaban figuras de pasta de madera policromada, al principio al óleo. Uno de esos belenes salido de Olot se exhibe durante la Navidad en la residencia de Santa Teresa de Jesús Jornet de Ciudad Real. Muchas asociaciones belenistas del país conservan, como oro en paño, alguna pieza de la escuela olotina.

Seguidamente, a partir de los años 50 y 60, Murcia también se convertirá en otra importante sede de producción de belenes, cogiendo la esencia del belén de Salzillo. Son figuras de barro olienzado, con telas pintadas con pintura acrílica, algunas con óleo. Madrid y Andalucía también eran y son centros importantes de producción de figuras de belén. En este sentido, merece atención especial el taller madrileño de José Luis Mayo Lebrija, considerado, a nivel internacional, uno de los mejores imagineros y artesanos de figuras de belén amén de sus importantes escenificaciones y participación en exposiciones monográficas y colectivas. También Castilla-La Mancha y sus ciudades: Ciudad Real, Cuenca o Toledo representan cada año monumentales belenes y cuentan con mucha tradición, ya que se sitúan a camino entre Madrid, una de las ciudades belenistas por excelencia, y Andalucía y Murcia, fuente de recursos artísticos religiosos inagotable.

Arte y patrimonio
Llegados a este punto, convendrán conmigo que el belén es mucho más que una expresión plástica de la Natividad que, según los expertos, incluye no solo el momento del nacimiento de Jesús sino el momento anterior a su llegada al mundo y su infancia. Para un belenista consultado por Ayer&hoy, el belén es principalmente fe porque se escenifican pasajes bíblicos del nacimiento de Jesús pero también es una obra artística y técnica de gran calidad elogiada por cristianos pero también por agnósticos o ateos. Y además es arte en mayúsculas, es cultura, es historia, es una lección de antropología porque enseña cómo vivían en aquella época. A su juicio, “los diferentes estilos, la aplicación de técnicas constructivas y una buena dosis de ingenio hacen de un nacimiento una obra de total admiración para el que lo contempla, sean niños o mayores”.

Los belenistas y asociaciones que se prodigan por toda España desde mediados del siglo XIX son los auténticos herederos de una tradición casi milenaria a la vez que guardianes y transmisores de una identidad propia. Hoy en día, la Federación Española de Belenistas cuenta con casi 80 asociaciones inscritas.

Por ello, en 2014 la Federación Española de Belenistas, a instancias de la Universalis Foederatio Praesepistica, encabezó una campaña internacional para solicitar a la UNESCO la declaración del belén como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Un paso definitivo para impulsar y proteger uno de los patrimonios más ricos y extensos de la cultura española a la vez que una de las tradiciones más vivas y con tan gran acogida durante la Navidad.

Los países con tradición belenista se hallan fundamentalmente en Europa: Alemania, Austria, Chequia, Eslovaquia, España, Francia, Italia, Polonia, Portugal y Suiza además de en Sudamérica y Estados Unidos, entre otros.

El quehacer de los belenistas
De forma callada pero entregada los belenistas de todos los países se afanan durante muchos meses del año para construir y fabricar todos los elementos y estructuras que miles de personas podrán admirar y disfrutar durante el mes de diciembre y las fiestas navideñas. Un belén monumental o para una ciudad requiere de mucho más tiempo que el que se dedica al montaje en exclusiva, “una cosa es el montaje del portal de belén en el sitio donde vaya a ser expuesto, que suele llevar un mes de trabajo, y otra bien distinta es fabricar el belén (casas hebreas, castillo de Herodes, murallas, puentes, montañas, etc.), que habitualmente se realiza en un taller aparte y en nuestro caso empezamos después del verano”, explica un belenista. Y, por lo general, cada año se incorporan novedades, escenas diferentes, elementos nuevos, configuraciones distintas para mantener viva esa ilusión por ver el belén de tu ciudad, por hacer ese viaje en el tiempo, novedoso cada Navidad.

En el plano más de andar por casa, hay tantos belenes diferentes como personas que los crean. De papiroflexia, de material reciclado, de playmobil, de plastilina, infantiles de los colegios… Quién no recuerda en el colegio aquellos portales de belén de plastilina hechos con poco acierto, a lo mejor, pero sí con mucha ilusión y ganas de hacerlo bien, o en las casas, donde los niños son muy colaborativos y a veces muy críticos con la colocación de una u otra figura; su imaginación y potencial artístico es un plus para conformar cada Navidad un bonito portal, transmitiéndoles el significado religioso de cada escena a la vez que enseñándoles o aprendiendo juntos la técnica para encender las luces de las casas hebreas, cómo hacer el puente que cruza el río o cómo colgar el ángel. En este sentido, advierten de que el belén es un montaje “muy agradecido que permite que sea al final una expresión artística de cada autor”. Ese entusiasmo y afán por crecer y hacer un belén mejor cada año en su casa es el que ha llevado a Miguel, del que hablábamos al principio, a acudir a una asociación de belenistas para aprender de ellos, que se dejan la piel, el corazón y el alma en esta efímera obra de arte, pues en la próxima Navidad será otro el montaje y otras bien diferentes las escenificaciones.

VIII Ruta de Belenes Sonseca

Desde hace más de 30 años, en la localidad de Sonseca, en muchos barrios de la localidad, en la iglesia parroquial y en la ermita de la Virgen de los Remedios, los belenes elaborados por los vecinos hacen acto de presencia en sus calles con un encanto particular y que se pueden visitar durante todas las navidades.

Con todo esto, en el año 2010 se organizaba la I Ruta de Belenes de Sonseca, llegando a su VIII edición en este año 2017. Los diferentes tipos de belenes se pueden encontrar, además de en la iglesia parroquial y la ermita de la Virgen de los Remedios, en diferentes ubicaciones de la localidad como la calle Toledo, la calle Mazarambroz, la calle Belén, la calle San Juan, la calle Oteruelo, el parque de los Olivos, la plazuela Malpica, la plaza de toros o en una juguetería con Madelmans en movimiento. Y en la noche, con esa luz que tiene la Navidad, tienen un encanto especial.

Esta ruta surge con el motivo de dar valor a esos vecinos que con gran trabajo y esfuerzo realizan estos belenes. Algunos de ellos desaparecieron, como el de la avenida Europa, y otros muchos se crearon nuevos como el que se encuentra cerca de la plaza de toros.

Desde estas líneas se anima a todo el mundo a visitarlos, en familia o con amigos, donde, además, conocerán el encanto de Sonseca, sus belenes y sus típicos dulces como el mazapán, las marquesitas o las empiñonadas que realizan sus confiteros desde hace mucho tiempo.

Texto: Oliva Carretero
Fotos: Ayer&hoy y cedidas por “Ashm”